Maldición, ya está, ya estamos casi a las puertas, de nuevo, de Santiago. Sólo nos quedan 47 kilometrillos que no son na comparados con las tremendas palizas con que nos hemos castigado, y estaremos entrando triunfales a ver al Santo.
Por una parte, ay, qué gusto; estoy hasta las narices de la bici, de verdad, cuando salga en Barajas en la cinta transportadora voy a hacer como que no la veo, y a decir que yo embarqué una ensaimada o algo así; Tengo el cuerpo dolorido (aunque menos que el año pasado… mucha menos humedad), y tengo ganas de poner una colada en condiciones. Pero por otro, vuelvo a sentir la misma sensación de vacío del año pasado; esa sensación de ¿ya está? ¿Mañana ya se acaba, y pasado mañana a currar como siempre?. En fin, estoy seguro de que habrá más Caminos que recorrer.
Bueno, la etapa. Accidentada. ¿Os sorprende?. Esta vez no fueron problemas mecánicos ni físicos, esta vez nos perdimos como unos tolais.
La salida de Lugo, fatal; con lo bonita que fue la llegada, y para salir te meten por sitios llenos de bardas y de ortigas, te hacen subir escaleras con la bici a hombros, en fin, muy mal. Además, yo estaba bastante cansadete por la paliza de ayer, y aunque había descansado bien, creo que no había recuperado todo lo necesario. Qué le vamos a hacer; a uno, el cuerpo a veces le pide dormir hasta las once, y yo llevo ya mucho tiempo negándoselo.
Hasta San Román de Retorta, muy bien, corredoiras, algún que otro charco gordo, algún que otro barrizal que hay que atravesar dando pedales y rezando para no quedarte atascado justo en medio. Como siempre, Nacho el primero tirando del grupo, Juannillo el segundo chupando de frasco, carrasco (es decir, con el tubito de la hidratante en la boca), y yo detrás, mirando las maripositas y a mi ritmo de guarda, guarda, guarda.
El tramo San Román - Melide nos lo ha dibujado muy amablemente un paisano en un papelito. Nos ha pintado todos los desniveles, luego dónde cruza con la carretera, luego ha pintado casitas para representar los pueblos, y ya cuando se puso a dibujar arbolitos, pensamos que ya era demasiado.
La cosa es que, después de circular toda la mañana por corredoiras, como siempre, nos han podido las prisas en cuanto el estómago ha dado el aviso, y cuando se acercaba la hora de comer, y sólo quedaban 11 km para Melide, además todos de bajada, hemos pensado, a la carretera, y vamos llegando que es hora. Sólo que esta vez la carretera no llegaba al mismo sitio que los caminos.
Nos hemos dado cuenta después de bajar a toda velocidad unos trescientos o cuatrocientos metros por cuestas del 16%. Un paisano ha confirmado nuestras sospechas; no, por aquí primero se va a Palas del Rei, y luego a Melide. Así que, con un dolor en nuestro corazón inmenso, hemos tenido que volver a subir las cuestas, preguntándole al Patrón, jo, Santi, ¿por qué nos envías estas pruebas?
Al final, hemos llegado a Melide (2/3 de la etapa)a las 4 y media, y hemos conseguido que nos dieran algo de comer. Ya el Camino atraviesa una sucesión de casitas de labranza y ganaderas, que pertenecen todas al mismo Concello, aunque estén muy dispersas. Por supuesto, ni un bar, ni un super, ni nada que se le parezca, más que en los pueblos grandes.
En Melide se une el Camino Primitivo con el Francés, y ya hemos padecido la avalancha de peregrinos; en nuestras jornadas asturianas, podíamos llegar a ver 6 o 7 peregrinos en todo el día; ahora se ven seis o siete cada media hora. Y eso que ya eran horas de que los caminantes se hubieran retirado.
Eso sí, hemos tenido que rebajar nuestras pretensiones, y en vez de llegarnos a Pedrouzo, hemos decidido quedarnos en Arzúa, que también está bastante cerca, y es suficientemente grande para tener un alojamiento potable y habernos podido dar una vueltita por el pueblo.
Y mañana, se acabó lo que se daba; llegaremos a comer a Santiago, abrazaremos al Santo, haremos todos los paripés de rigor (coger la Compostela, plastificarla, hacernos mil fotos en el Obradoiro), y lo que os cuento… Pasado mañana… ¿qué?