Etapa 9. Barajas (T2) - Legazpi
Manda narices que la etapa más penosa de todo nuestro Eurotrip’08 haya tenido que tener lugar ya en Madrid…
Después de un viaje en el que el único incidente fue dejarme casco, gafas y guantes en el hotel (eran baratuchos todos, no es una gran pérdida), aterrizamos en Madrid como a las 4. A Juannillo le vinieron a buscar al aeropuerto, así que nos despedimos con un abrazo. Yo me bajé al metro, para conocer la mala noticia de que Gallardón sólo me deja meter la bici de 10 a 12:30 y a partir de las 21:00.
Esperar, no iba a esperar 5 horas, y el año pasado me tocó un taxista que me anduvo negociando y regateando cobrarme más (en concreto, lo que le dio la gana) por llevarme la bici y fue una experiencia desagradable, y pensaba evitar vivirla de nuevo, así que me dije, pues en bici a casa, son 20km, acabo de hacerme más de 900, qué más me da.
Se me olvidaba que ya no estaba en Viena donde se puede ir a todos lados en bici (sitios turísticos, centro, extrarradio, zonas de marcha…). Estaba en Madrid. Así que di dos pedaladas a la salida de la terminal, y me vi en una autopista de cuatro carriles en un único sentido, sin arcén, y que se bifurcaba en dos, M40 norte, y M40 sur. Alejandro, piensa un poco, a ver qué haces ahora. Pues nada, qué vas a hacer, lo único que se puede hacer, seguir.
Imaginaos la estampa, un tipo vestido con la camiseta del Rapid de Viena, pantalones de calle con manchas de sangre (me había hecho una heridilla al cargar la bici y ni me había enterado), sin casco, con dos alforjas, con las ruedas medio deshinchadas de ir en la bodega despresurizada del avion, pedaleando penosamente en mitad de una de las autopistas anulares de Madrid, por las que por supuesto está prohibido circular a las bicis… qué desamparo más total. Duró poco porque en seguida vi que saltando el quitamiedos llegaba a la vía de servicio de la A2, así que ahí que me bajé, pasé una alforja, paró la guardia civil a ver si estaba loco, pero viendo que sólo era un pringao que lo único que quería era irse de allí me dejaron ir sin más, pasé la bici, y salté yo.
El resto de la "etapa", pues ya más normal, fui por la A2 hasta que llegué a la Alameda de Osuna y de ahí al carril bici circular de Madrid (el Anillo Verde), terreno conocido, que me dejó más o menos en casita, sano y salvo.
Es que mira que me fastidia… ¿por qué voy a tener que molestar a nadie para que me venga a buscar al aeropuerto, o pagar 60€ por un taxi, cuando tengo entre las piernas (con perdón) un vehículo que me ha llevado de Milán a Viena sin ningún percance ni mal rato, y suficientes tiempo y energías para afrontar el paseo?
¡Gallardón, humaniza ya "tu ciudad"! ¡En vez de darles facilidades a los coches para que quepan más moviéndose a la vez, dánoslas ya a los de transportes alternativos, y verás cómo se te arregla lo del tráfico!. En Viena se veían poquísimos coches por la calle. ¿Para qué, si no hacen falta?

Hoy ha pasado algo extranyo. Hemos caído en un agujero espacio - temporal o algo. Hemos salido prontito de la pensión en Melk, hemos rodado muy bien, hemos tenido muy pocas interrupciones, no ha habido barquitos a los que hubiera que esperar, hemos ido haciendo kilometrillos casi sin darnos cuenta… tanto tanto.. que a las 12 nos habíamos pulido los 80 kilómetros de la etapa de hoy. Hemos un visto un cartel: Traismauer a 2 km. No puede ser. Me tengo que haber equivocado en la planificación.
Después de una larga serie de cientocincuentas (que para nosotros, hoy por hoy, son como los ochomiles de los alpinistas), tocaba etapa más descansadita, de sólo 90 kilometrillos, que la verdad es que teniendo todo el día por delante, un buen firme, y la bolsita del manillar hasta arriba de schocolade, se hacen hasta escasos.
Hoy ha sido una gran etapa, sí senyor. Por primera vez en todo el viaje, todo ha ido bien; Ni nos hemos perdido (bueno han sido pérdidas razonables y solventadas rápidamente), ni hemos tenido problemas mecánicos, y encima, ha lucido el sol todo el rato.
Última etapa en la que nos dedicamos a seguir el Inn, a partir de la siguiente seguiremos el Danubio. Este río, a través de unos 500 kilómetros, nos ha regalado una diversidad tremenda de paisajes y de rostros. Al principio, el superpijerío: todo coches deportivos caros, o antiguos arreglados, caravanas enormes de moteros, picos nevados, lagos de montanya con aguas de espejo, pueblillos perdidos que te querían cobrar 150€ en la "pensión"… lo fuimos bajando, y entre la lluvia nos fuimos asomando a realidades más cotidianas, gente trabajando o gente de vacaciones, la vega de un río poblada con maizales y tierras de labranza, caminos sucios de tierra, gatos cazando pajaritos en prados…
Me parece que poco voy a contaros de estas etapas intermedias porque están pasando a toda velocidad, y la verdad es que me acuerdo de bien poco. 150 kilómetros al día son muchos kilómetros, y más si quieres hacerte ese número durante tres días seguidos.
Hoy tocaba etapa de semidescanso, para poder llegar a Innsbruck con cierto tiempo de visitar la ciudad; Pero el día comenzó bastante trabado. En primer lugar, no hay nada que más deprima que abrir la ventana por la manyana y ver una espesa capa de lluvia cayendo de forma completamente insoslayable. Yo soy el agua y estoy aquí. No me enganyas con eso de que ayer disfrutaste en las bajadas. A ver si eres capaz de disfrutar dos días seguidos;
Dura etapa teníamos por delante, o por lo menos, yo nunca me había hecho tantos kilómetros como 135, así que tras copioso desayuno en el hostal de los mantelitos (tenías que verlos, tenían tapetitos de ganchillo por todos lados… urrrrgh!), nos hicimos a la carretera.
Buenoooo subidón, subidón, subidón!!!! vaya pedazo de etapa que nos hemos metido entre pecho y espalda, qué divertido, qué paliza, qué gonito todo.. Efectivamente, creo que me ha pasado como en Astorga, y vuelvo a ir to puesto de azúcar.
Qué gustico volver a escribir en este blog, es como volver a casita después de un anyo de vagar por ahí :oD
