Etapa 4. Innsbruck - Wasserburg
Me parece que poco voy a contaros de estas etapas intermedias porque están pasando a toda velocidad, y la verdad es que me acuerdo de bien poco. 150 kilómetros al día son muchos kilómetros, y más si quieres hacerte ese número durante tres días seguidos.
Innsbruck, una ciudad muy cuidada, con un casco medieval bien chulo, en el que daba gusto darse un paseíllo por sus casitas, todas dispuestas ordenaditas, y todas de distintos colores, como las de los pescadores mediterráneos. Por los nombres de las iglesias ni me preguntéis; es lo malo de ir a toda prisa, te da tiempo a quedarte con muy poquito. Os dejo con la foto del monumento al zurullo.
Se notó el cambio de país, entre el tirol austríaco y ya la Baviera alemana. En primer lugar, la gente mucho más antipática, ya no saludan, sólo cuando les pones en el compromiso te responden un "morgen" displicente, qué diferencia con Austria, donde la gente te saludaba con un Es-pa-nya, Es-pa-nya!. El paisaje cambia, ahora se ven pueblitos y más pueblitos, en los que uno se pregunta… pero aquí… Vive gente? porque todas las casas están muy arregladas, con sus balconadas de madera impecables, y con sus enormes tiestos de flores. Casi se diría que compiten unos con otros por ver quién tiene el balcón más desbordado de geranios. Y el balcón que ves con un tiesto, piensas, mira, de este se ríen los vecinos :oD. Pequenyos laguitos en brazos del Inn (que va enorme y to marrón por la lluvia), campos de deportes a ambos lados… pero también campos de cultivo, maíz a tutiplén, y alguna que otra vaca, así que sí, debe vivir y trabajar gente.
A mediodía por fin vimos el sol, y nos calentamos los huesillos, y cogimos las fuerzas necesarias para superar otra gran etapa, 150km al coleto, sin una sola bajada para descansar, sólo pedalea, pedalea, pedalea, mueve desarrollo… se me están poniendo unos gemelos como balones atados con correas. Me voy a pasar al ciclismo de pista.

