Etapa 5. Wasserburg - Obernberg
Última etapa en la que nos dedicamos a seguir el Inn, a partir de la siguiente seguiremos el Danubio. Este río, a través de unos 500 kilómetros, nos ha regalado una diversidad tremenda de paisajes y de rostros. Al principio, el superpijerío: todo coches deportivos caros, o antiguos arreglados, caravanas enormes de moteros, picos nevados, lagos de montanya con aguas de espejo, pueblillos perdidos que te querían cobrar 150€ en la "pensión"… lo fuimos bajando, y entre la lluvia nos fuimos asomando a realidades más cotidianas, gente trabajando o gente de vacaciones, la vega de un río poblada con maizales y tierras de labranza, caminos sucios de tierra, gatos cazando pajaritos en prados…
También pasamos por pueblos fantasmas dedicados al veraneo despiadado, seguimos el río en su orilla, contando los hitos kilométricos que al principio pensábamos que eran para el turisteo como nosotros, pero luego reparamos que eran para los barcos… Hemos recorrido interminables rectas en las que la vista llega más lejos que el pensamiento (Machado?), y hemos pedaleado, pedaleado, pedaleado sin descanso. Bueno sí, con descansos, pero hemos pedaleado un huevo. 150 km al día son muchos, y cuando para la hora de comer sólo llevas 60 (o ni eso), la tarde tiene que cundir sin distracciones.
Un pequenyo detalle de la etapa, que por otra parte ha sido de transición sin ambages, cuando pasamos por un mini parque temático que tiene Swarovsky en el camino (ni el nombre de la ciudad logro encontrar en Google), con esta bella fuente que os pego, que culminaría las aspiraciones del más hortera. Pues la montanyita debe estar llena de cristalitos. Todos los jubilados que la visitaban se montaban en los autobuses con cara de estar haciéndoles chiribitas los ojos, y chocándose unos con otros.
Y lo que de verdad fue otro absoluto momentazo del viaje, fue llegando a Obernberg. El pueblito es más bien pequenyete y sin gran cosa que ver, pero ahí el Inn se convierte en zona de marismas y humedales, y es zona de avistamiento de aves. Nosotros llegamos tarde (otra vez 150km, a ver), como a las 20:00, y ver no vimos gran cosa porque no tenemos los ojos acostumbrados ni sabemos distinguir las especies, pero escuchar mirando la marisma fue una experiencia alucinante, qué pena que no os la pueda hacer vivir a vosotros como se haría con una foto. Me falta vocabulario para describir todos los trompetazos, graznidos, bocinas, cuaaa cuaaaa, hu-yyyy, hu-yyyy, honnn honnn, en fin, parecía que mil bichos distintos estuvieran compitiendo por llamar cada uno nuestra atención, y estar ahí en medio, observando sin molestar, escuchando mientras la vida se desarrolla salvaje a tu alrededor, y sobre todo, completamente ajena a ti, es una sensación tremenda. Te sientes mucho menos importante, mucho menos ombligo del mundo, la vida está ahí aunque normalmente no esté el hombre para verla.
Bueno y después de un párrafo tan poético sería una pena acabar dando cifras o hablando del tiempo, así que me quedo los los ruidos de los bichos en las yemas de los dedos.


aunque esta entrada es del día 10 te felicito que hoy es 11!! Tu blog como siempre muy bueno. Hay que ver como te lo estás pasando :-))
Feliz cumple!!
Comment by Jaime Martín — July 11, 2008 @ 10:23 am